Beca en el charco del ingenio

Hace unos años mi padre se tomó un café conmigo y platicamos un buen rato.. me dijo que limpiará mis lagrimas y que siguiera adelante. Que lo que parecía el fin del mundo no lo era, simplemente era un momento triste en la vida y que esto iba a pasar. Teniendo su mismo carácter puedo decir que nosotros somos de esos incansables tercos que nunca nos rendimos.

Tratando de hacerme entrar en razón mi padre me dijo que no podía mandar mi trabajo y todo a la fregada por mi tristeza ya que esa no era una manera inteligente de actuar. Me dijo que tenía que regresar a mi trabajo, disculparme y echarle ganas. Que ese trabajo me iba a dar mejores cosas que mi tristeza, y así fue.

Hoy es un día de algunos que amanezco triste, por que mi papá me hace tanta falta. Y siempre me pregunto lo mismo… estoy haciendo las cosas bien con mi vida? Hoy no quiero levantarme…

Justo dos semanas antes de que mi papá se fuera de este mundo me pidió que no dejará de escribir que siguiera con el blog. Que se sentía muy orgulloso de mi, que no comprendía muy bien que significaba bloguear pero que entendía que me hacía feliz y que quería apoyarme en esto. Teníamos tantos planes e ideas por concretar que quedaron en el aire.

Después de irme de fin de Año a San Miguel de Allende con mi novio y su familia, sentí una libertad muy extraña en mi corazón. Lo estaba dejando ir, lo estaba dejando descansar. Comprendí que mi papá no iba a regresar en cuerpo físicamente, pero que su alma, su luz o en lo que se haya transformado sigue presente.

Siempre se manifiesta en mis dibujos, en mis diseños, en mis sueños, en canciones, en ideas.

Espero ser una gran persona, como el algún día. El era un ser de luz, llevando su alegría a todos lados. Amaba hacer reír a la gente, pero sobre todo sabía escuchar. Había llevado una vida tan compleja como el mismo. Pero yo nunca deje de admirar su pasión por la vida. Por luchar constantemente por ser la mejor versión de si mismo hasta el final. Tenía tantas ganas de vivir, era un luchador.